“In prehensa”

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Publicado en Top Ten Management Spain

“In prehensa”

Muchos procesos, teorías y prácticas dentro de las organizaciones tienden hacia la “especulación” empresarial o a la presunción de obtener un supuesto conocimiento capaz de predestinar acontecimientos o sucesos que tendrán influencias directas en la empresa. De alguna manera muchos “gurus” del management parecieran querer vendernos que disponen de ese “especial conocimiento predictivo” del que muchos están deseosos de poseer.

Esta realidad de “gurus iluminados” que poseen un conocimiento más allá del que cualquier mortal puede obtener, es emulado por cientos de miles de personas en todo el mundo, (llámense consultores, asesores, formadores, coaches, etc.) sin percibir lo ridículo y contradictorio que esto representa para la propia función empresarial.

Si reflexionamos sobre la función empresarial o emprendedora, por principio, veremos su poca relación e incluso incapacidad técnica de relacionarse con cualquier conocimiento individual (por más brillante que este sea) o con cualquier herramienta capaz de ofrecérnoslo (por más eficiente que ésta pueda resultar en ciertos contextos específicos).

La expresión castellana “empresa”, así como las acepciones francesa e inglesa “entrepreneur” proceden etimológicamente del verbo latino “in prehendo-endi-ensum” que significa descubrir, ver, percibir, darse cuenta o atrapar. La expresión “in prehensa” claramente conlleva la idea de acción, significando tomar o agarrar.

En la función empresarial la acción es la verdadera protagonista, y el “conocimiento” se utiliza desde ella y para ella misma. Es decir que el verdadero conocimiento útil para el empresario (el que ejerce la función empresarial) surge del resultado de sus propias acciones (y de las de las personas que componen “su empresa”) a partir de las cuales tomará decisiones para volver a actuar.

Además de que bajo este concepto de función empresarial el aporte de cualquier persona externa o herramienta empresarial queda siempre en un “segundo plano” dada la imposibilidad lógica de ambos de abarcar toda la realidad del contexto propio del empresario, nos invita a comprender que cualquier persona que actúa para modificar el presente y conseguir sus objetivos en el futuro, está ejerciendo esta función sin más.

De alguna manera, la ACCIÓN democratiza la función empresarial colocando a cada persona (particular y empresario) en un sentido de responsabilidad frente a sus objetivos y los medios que utiliza para alcanzarlos, donde sólo él (el empresario/persona) tiene la constante oportunidad (frente a la información periódica que le ofrecen sus acciones y la de las personas que componen “su empresa”), para decidir y volver a actuar en la consecución de sus objetivos o metas.

¿Dónde encontraron ese “conocimiento especial” (el que venden los “gurus iluminados”) los grandes empresarios de todos los tiempos para construir sus sueños, sino de su propia y exclusiva experiencia?

Acción – Reflexión es el círculo virtuoso del buen empresario y del buen vivir, y el gran aporte práctico del Coaching al Management.