Comentario a “¿Te amaré por siempre?”
Comentario a “¿Te amaré por siempre?”, de Carlos Monserrate
Top Ten Management Spain
Leonardo Ravier dijo…
Carlos,
Resulta interesante la analogía entre el “vínculo matrimonial” y los “vínculos contractuales profesionales”, sin embargo igualar el “amor por siempre” (título del post) con la “pasión duradera” (con la que termina el mismo) resulta confuso e imperfecto.
Toda relación o vínculo contractual está basada en el mutuo acuerdo. Si dicho acuerdo potencia los intereses personales por el que se realiza tal relación, entonces existe mayor posibilidad de permanencia o durabilidad.
Ahora bien. Uno de nuestros problemas, en la lengua castellana, radica en que disponemos sólo de una palabra para el significado de “amor”.
El matrimonio que este basado en la “pasión” corre un gran riesgo (y por analogía, también existe un “riesgo” en los vínculos contractuales de esta naturaleza). La pasión (que en griego equivale al amor “eros”) tiene un límite incluso físico (naturaleza pasajera, y dependiente de intensidades según estados de ánimo, físicos, etc.). El matrimonio basado en el amor “ágape” (amor como principio), y sumado al amor “filos” (amor familiar) tiene mayores probabilidades de éxito en cuanto a su durabilidad, dado que trasciende lo temporal y circunstancial de nuestros estados físicos o anímicos.
La analogía del vínculo matrimonial con los vínculos contractuales basados en el “amor” toma mayor cuerpo y sentido cuando tenemos en cuenta estos tres conceptos o diferenciaciones de amor que nos aporta el griego.
Podríamos decir que el trabajador o directivo “eros” (“genital”, como usted lo describe) persigue el placer momentáneo del éxito superficial (sea dinero, ascensos rápidos, etc.) El trabajador o directivo “filos”, que no se centra exclusiva en el beneficio a corto plazo o circunstancial, genera vínculos informales de relación entre sus compañeros de trabajo. Con estos vínculos contraídos, la posibilidad de éxito en cuanto a su permanencia es mayor, pero no suficiente. Por último, el empleado o directivo “ágape”, comprende que su persona tiene una razón de ser dentro de la organización donde sus expectativas a largo plazo coinciden con las de la organización en la que trabaja.
Bajo este panorama, una relación “eros” (pasional), “filos” (relaciones) o “ágape” (incondicional) en el símil de los vínculos contractuales profesionales no es en sí mismo ni malo, ni bueno. Si ambos están de acuerdo, y tienen clara la relación acordada en un plazo de tiempo determinado (contrato temporal) o indeterminado (contrato indefinido), no habrá problema alguno.
El problema surge cuando las percepciones o expectativas de ambos no coinciden.
Por último, no sólo “la empresa que sabe entender quién es cada uno de sus directivos, singularmente, qué le emociona en el trabajo, cuáles son sus valores, sus expectativas, sus anhelos… podrá mantener la vinculación”, sino que cada empleado debe entender lo mismo de su empresa. En otras palabras, los “análisis” y las “gestiones” empresariales hacia los empleados, no remplazan ni tienen especial relevancia si no es un catalizador o canal de comunicación bidireccional de la propia voluntad y deseos de dichos empleados.
La empresa debe conocer a sus directivos y/o empleados, y éstos deben conocer a su empresa. Pero el conocimiento no es suficiente. Las expectativas de ambos, puestas sobre la mesa, ahorran mucho esfuerzo, generalmente inútil, para crear y mantener relaciones humanas duraderas.































